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THC 37. Torre de Ruerrero, Valderredible.

En un alto sobre el pueblo de Ruerrero, Valderredible, se conserva a duras penas una torre de los siglos XIV-XV. No parece claro si estuvo ligada al poderío del linaje de los Bustamante o de los Aguilar, o bien bajo la influencia de la cercana Colegiata de San Martín de Elines.

Más información:
Cuadernos de Campoo


23 jun 2014
autor López Campillo

THC 35. Castro y campamento romano de Santa Marina, Valdeolea

Castro indígena prerromano, campamento romano, ocupación medieval que incluía una ermita que se perdió en el siglo XIX y fortificación atrincherada durante la Guerra Civil. Los cuatro momentos de la historia se dan cita en las dos cimas del Monte Ornedo, Valdeolea. Un rompecabezas para la arqueología y un yacimiento fundamental para entender las Guerras Cántabras (lo cual no ha impedido que en los últimos años maquinaria financiada por los cántabros del siglo XXI, gracias a la encomiable labor del gobierno regional, haya arrasado gran parte de la superficie del yacimiento).



Estimación de las estructuras de la cima oriental del Monte Ornedo. En gris, defensas atribuídas a la Edad Media. En rojo las que parecen definir la fortificación planteada por los romanos. En naranja, "otras estructuras". (Fuente:: Castros y Castra en Cantabria, VV.AA, Acanto, 2010).



Recreación del Castro de Santa Marina. (Fuente: Diario Montañés). La infografía recoge la posible extensión de 19 ha que llegó a tener este oppidum cántabro, el más extenso de los conocidos en esta tierra.



Fosos excavados en el terreno y parapetos de tierra (contrafosos) que se alzaban con el material extraído de los fosos. Santa Marina conserva un foso doble bien visible. Cada uno de los terraplenes debió alcanzar una altura de cuatro metros y quedaban rematados por estacadas. Se identifican como parte de las defensas levantadas por los romanos una vez tomado el poblado indígena cántabro.


El corte en este terraplén hace visible las técnicas de fortificación romanas.


Tachuelas de sandalia de legionario romano halladas en el Castro de Santa Marina (también en el Castro de las Rabas y el Campamento del Pedrón, ambos en Cervatos, así como en Retortillo).


Clavijas de las tiendas de campaña legionarias. Las dos situadas a la derecha fueron halladas en el castro que nos ocupa. Las otras dos corresponden al Campamento romano de La Poza (Cervatos).





Es una de las piezas arqueológicas rescatadas de Santa Marina en los últimos años. Apareció en un punto muy concreto donde se registra una aglomeración de materiales cántabros y romanos, con el denominador común de ser piezas con función militar. El lugar parece corresponderse con una de las puertas del castro. Se trata por lo tanto de la evidencia de un enfrentamiento armado. El Castro de Santa Marina pasa a la lista de escenarios de las Guerras Cántabras.


En multitud de ocasiones un mismo paraje concentra el recuerdo del paso de los hombres a través de los milenios. En primer término encontramos dos posibles menhires, también descritos como posibles hitos medievales (hablamos sobre ellos aquí). Al fondo, la elevación del Monte Ornedo en cuyas cimas se asentó una de las mayores "ciudades" de los cántabros prerromanos.



Pugio, puñal característico del legionario romano. Posee un nervio central que confiere firmeza a la hoja. Fue rescatado del yacimiento de Santa Marina y puede conocerse en el Museo de Prehistoria y Arqueología  de Cantabria, al igual que las demás piezas arqueológicas mostradas en el artículo.


Bibliografía consultada: Cántabros, origen de un pueblo, VV.AA, Adic, 2012.

                                   Castros y Castra en Cantabria, VV.AA, Acanto, 2010.
                                    

Más información...El recinto campamental romano de Santa Marina (Valdeolea, Cantabria), Pedro Ángel Fernández Vega, Rafael Bolado del Castillo, Munibe, 2011.


El Arqueositio de Camesa ayer y hoy. Una visión integral desde la dirección del taller de empleo Valdeolea, Pedro Ángel Fernández Vega, Lino Mantecón Callejo, Ayto. Valdeolea, 2012.
22 jul 2013
autor López Campillo

Curiosidades 38. Un faro montado sobre una fortificación napoleónica.

El del Pescador, Santoña, es uno de los 9 faros que alumbran la costa cántabra, y uno de los dos situados en el peñón del Monte Buciero, siendo el otro el Faro del Caballo. El Faro del Pescador comienza a construirse en 1859 y es inaugurado cuatro años después montando una lámpara de aceite de oliva sobre su sistema de lentes giratorias. Su alcance era de 17 millas náuticas. Ha sufrido diversas reformas y quedó seriamente dañado en 1915, tras un temporal que arrasó el edificio adosado al faro. 



El saliente rocoso en el que se asienta el faro encierra una historia poco o nada conocida. Es sabido que un contingente de 2000 hombres del ejército napoleónico se acantonó en Santoña (1810-1814), convirtiéndola en plaza de guerra intensamente fortificada. Las costas del Monte Buciero son "petardeadas", es decir, esculpidas y escarpadas a base de barrenos, con la finalidad de impedir un potencial acceso que habría inquietado a la plaza y desbaratado el sistema defensivo planteado en la península de Santoña.

Un informe militar firmado por el Coronel de Ingenieros Gabriel Breuille en mayo de 1812, dirigido al alto mando francés, desvela que el lugar elegido 50 años después para levantar el Faro del Pescador fue fortificado con un parapeto de mampostería seca. Es uno de los "atrincheramientos" o "retranchement" con los que los galos blindaron esta plaza de guerra de vital importancia para los planes del emperador.


Mayo 1812
Escarpes de la montaña de Santoña por la parte del mar...Se trabaja con la mayor actividad en escarpar quanto se ha juzgado necesario desde la punta de la Atalaya hasta San Martín, que están cerca de concluirse, principalmente los dos puntos principales a la izquierda del cabo de los Pescadores entre los quales se ha construído un atrincheramiento pequeño para poner en caso necesario un punto de observación. Se espera que todas las escarpas hasta San Martín estarán concluídas para 15 de Junio, y las más necesarias para fin de Mayo; en este caso, con tres puestos de 4 hombres cada uno, se podrá estar con seguridad por la parte del mar hasta San Carlos, y con la protección de este fuerte y el de San Martín, no habrá que temer mas que por la parte de la playa y de la ciudad. Se ha construido entre estas escarpas un atrincheramiento pequeño provisional que se ve perfectamente y que por consecuencia las defenderá en caso necesario.

Coronel de Ingenieros Gabriel Breuille

El atrincheramiento de la punta del Pescador se ha conservado parcialmente bajo el propio faro.



Es una obra de construcción elemental, un parapeto que protegía a la tropa y permitía controlar visualmente buena parte de la costa norte del Monte Buciero y de las costas que se extienden hacia occidente hasta llegar al Cabo de Ajo. El tramo costero que se aprecia en la imagen fue en parte esculpido artificialmente a golpe de explosivo en una operación que involucró a cerca de mil "obreros del país". El atrincheramiento napoleónico cuelga sobre unas costas escabrosas, a unos 14 metros sobre el nivel del mar.

Otros 6 atrincheramientos y una batería han sido descubiertos en el Monte Buciero santoñés entre los años 2010-2012. Ni los responsables regionales ni los locales se han dignado a interesarse por los descubrimientos, mientras el conjunto fortificado de Santoña (con más de 20 fortificaciones extendidas en un peñasco de 600 hectáreas) sigue agonizando, ajeno a la sociedad, olvidado y sin puesta en valor, cuando no es cementado ilegalmente con el triple del presupuesto requerido en operaciones político-inmobiliarias que destruyen los inmuebles y borran todo rastro de historia (un ejemplo), a cambio de dotar a inmuebles históricos del siglo XIX de conexión a internet, teléfono y calefacción, con unos acabados propios de un edificio de oficinas gubernamentales. Tras la inauguración los inmuebles pasan a ser cerrados, una vez que los políticos responsables del desaguisado han conseguido triunfales titulares otorgados por la prensa regional.
13 jul 2013
autor López Campillo

THC 31. Fortín de Sámano

La llamada "Línea del Agüera" es el  sistema defensivo que el mando republicano plantea en las cumbres de la margen izquierda del Agüera, en un intento de contener el avance del llamado bando nacional. Estamos hablando de una línea de al menos 14 kms con trincheras, parapetos, pozos de tirador, nidos de ametralladora, refugios y un fortín, extendidos hasta la cima del Betayo, frente a Biroleo y Castro Alén, elevaciones en manos del enemigo en julio de 1937.
El Fortín de Sámano se planta en una elevación clave dentro del sistema defensivo del Agüera, el acceso por carretera al valle de Guriezo desde el puerto de La Granja. Es una trinchera excavada en roca de 30 metros de largo y puesta a cubierto con una estructura de hormigón armado. Presenta dos troneras para ametralladora y 20 para fusil, con dos huecos frente a las troneras de ametralladora que facilitarían el paso y serían usados como almacén de municiones. El fortín quedaba debidamente camuflado y protegido bajo una capa de tierra y probablemente lonas, redes y ramajes.



La línea de contención del Agüera no llegó a entrar en batalla, tan sólo los atrincheramientos situados más al sur. El contingente vasco destinado a su defensa se replegó en agosto de 1937 a la siguiente línea fortificada, la del Asón. Días después las tropas vascas (alrededor de 12.000 hombres) se entregaron en las poblaciones de la desembocadura del Asón (Santoña, Colindres, Laredo...).

(datos extraídos de "Fortificaciones de la Guerra Civil en la zona oriental de Cantabria", VV.AA, publicado en Castillos de España. Gracias al historiador José Ángel Hierro Gárate).
24 jun 2013
autor López Campillo

Curiosidades 32. Fortificar las costas

Hacia 1937 las aguas del cantábrico eran dominadas por la flota rebelde. En respuesta, numerosos puntos estratégicos de las costas cántabras son fortificados por el bando republicano para ejercer labores de control y vigilancia. El litoral queda dividido en los siguientes sectores: 1 Unquera-Suances, 2 Suances-Cabo de Ajo, 3. Ajo-Ría de Oriñón. 4. Ría de Oriñón-Extremo oriental.
Los trabajos son encomendados a la Compañía de Costa nº13, a excepción del tramo oriental que fue asignado a la Comandancia de Ingenieros de Castro-Urdiales. El litoral de Cantabria se fortifica con líneas de trincheras, galerías cubiertas, nidos de ametralladora, emplazamientos para cañón (el punto más fortificado es el Monte Picota)... Se trata de un plan defensivo tardío y sin la debida continuidad, condicionado por las premuras de la contienda.
Empezamos conociendo las fortificaciones de esta línea costera visitando Noja. Sus costas son fortificadas hacia abril de 1937 con una  casamata, dos galerías cubiertas,  tres nidos de ametralladora y líneas de trincheras en la playa de Helgueras, más otra línea atrincherada en el monte Brusco. Y hubo más, al menos en proyecto. Como en el resto de sectores, en las obras de Noja intervinieron ciudadanos movilizados y  obreros eventuales. La peculiaridad es que en Noja también intervienen presos derechistas procedentes de El Dueso, Santoña.

Casamata levantada en Noja. Llegó a montar un cañón de campaña "Mondragón" de 88 mm (fabricado en México). A veinte metros se conserva el depósito subterráneo de municiones (limpiado recientemente).

(datos extraídos de "Fortificaciones de la Guerra Civil en la zona oriental de Cantabria", VV.AA, publicado en Castillos de España. Gracias al historiador José Ángel Hierro Gárate).
21 jun 2013
autor López Campillo

Curiosidades 31. Un castillo casi desaparecido, un arca y una leyenda

En la población de Allendelagua, Castro-Urdiales, podemos conocer los vestigios de un castillo del siglo XIV y un convento a él adosado. El castillo, llamado de San Antón, funcionó como atalaya que controlaba la costa desde cabo Quejo a cabo Machichaco y fue probablemente lugar de culto y protección asociado al Camino de Santiago.
Poco queda del conjunto castillo-convento de San Antón. Los arranques de los muros de la fortaleza y su torreón, y secciones más visibles de los muros del convento.
La tradición local no duda a la hora de adjudicar a los templarios la posesión del castillo, si bien no existe ni una sola prueba documental que lo sustente, tan sólo leyendas. Por un lado, se relata la existencia de un "arca de piedra" ligada a los templarios que sería venerado junto a sus reliquias en el antiguo convento de San Antón. De otra parte, una leyenda asociada al castillo nos habla de Camilo de Carvajales, valido de Fernando IV de Castilla. Habiendo perdido la confianza del rey, ingresó en la orden del temple y pasó sus últimos días en el castillo de Allendelagua. Estando don Camilo rezando en el bosque, se le apareció un ave que en realidad era una hermosa joven. Prendado, corrió tras ella hasta precipitarse al mar. El supuesto caballero templario se aparecería desde entonces a los monjes del convento, los cuales optaron por abandonar el lugar. Por supuesto la leyenda concluye asegurando que en los días de tormenta aún se pueden escuchar los alaridos del espectro de don Camilo. No parecen "pruebas" consistentes para defender que el castillo fuese templario. Sea como fuere, sus vestigios bien merecen ser conocidos.


Vestigios del convento, o santuario, a los pies de lo que fue el Castillo de San Antón.

Muro de cierre entre el convento y las defensas del castillo. En la parte superior: arranque de los muros del castillo.
20 jun 2013
autor López Campillo

THC 29. Campamento romano Campo de las Cercas, San Felices de Buelna - Puente Viesgo

Nada menos que 18 hectáreas fortificadas con fosos, terraplenes, torres de madera, estacadas y hasta cinco puertas...Es el Campo de las Cercas, campamento instalado por Roma en una cumbre de la Sierra del Escudo desde la que se controla las cuencas del Pas y del Besaya, así como el paso entre ellas ("La Collada").

Clavijas de las tiendas de campaña, fíbulas (especie de broche), una azada, un pilum (lanza), un proyectil de honda, monedas del siglo I antes de nuestra era, un tintinabulum (cascabel empleado por la caballería)...son algunos de los materiales arqueológicos hallados.

El Campo de las Cercas parece estar directamente relacionado con los episodios centrales de las llamadas Guerras Cántabras. Las 18 hectáreas están formadas en realidad por dos campamentos adosados que llegaron a albergar en torno a 24.000-32.000 hombres. Se plantea la posibilidad de que Campo de las Cercas fuese el lugar escogido para reunir a dos de las columnas que penetran y toman Cantabria. La primera, la que avanzó desde el sur y se asentó en campamentos como El Cincho, Cildá, El Cantón, o el asediado y tomado Castro de la Espina del Gallego. La otra, la llegada desde el mar.

Fue localizado por un aficionado en 1998. Un espectacular campamento de 2000 años que sigue esperando a ser conocido y valorado.



Imagen aérea del sector sur del campamento. Se distinguen los ángulos redondeados característicos de la planificación defensiva de los romanos.

18 jun 2013
autor López Campillo

THC 25. Torre de Rubín de Celis, Obeso

Fue levantada en los siglos XIV-XV y perteneció al solar de los Rubín de Celis, uno de los más relevantes linajes locales. Es una potente torre de unos 20 metros de alzado y nueve-diez de lado, con pequeñas y escasas ventanas ajimezadas y apuntadas que muestran su carácter defensivo. La cuarta planta es una añadido del siglo XVI.
Se sitúa en una loma dominante que se ciñe a la curva del Nansa, controlando el paso entre el valle del Nansa y Liébana.
Símbolo de poder y punto fuerte contra el adversario, la Torre de Obeso continuó siendo habitada tras las guerras de banderías de la edad media. Se sabe que con posterioridad se adosaron dos estructruas agrarias, establos, corrales, lo cuales al parecer son demontados en la guerra civil para la construcción de trincheras.
La cara sur presenta la puerta de acceso, con arco ojival. Sobre ella se aprecian los restos de las ménsulas del matacán o voladizo, una estructura defensiva de madera dotada de orificios desde la que se podía atacar a los enemigos situados en la base de la torre.
Es previsible que contase con fosos y contrafosos, aunque no localizo referencias al respecto.
Hoy en día la torre se ha recuperado de la ruína y el riesgo de destrucción y vuelve a dominar sobre el valle con su imponente estampa.



12 jun 2013
autor López Campillo

Curiosidades 12. Dobra

Recibe el nombre de Sierra del Dobra, también el sugerente apelativo de Sierra "de los Hombres", en alusión a la intensa actividad que el hombre ha desarrollado en este macizo desde la prehistoria. El Dobra se orienta en el eje este-oeste, situándose de manera estratégica como un muro natural a lo largo de 8 kms entre Puente Viesgo y las Caldas de Besaya, o lo que es lo mismo, los cauces del Pas y del Besaya y las dos principales vías de entrada a la región. Sus crestas calizas guardan campamentos romanos y castros de los antiguos cántabros. 

Imagen: Al fondo se divisa la población de los Corrales de Buelna. En primer término, un gran derrumbe de muralla delata la existencia de un poblado fortificado cántabro. Estos pobladores cercaron la cumbre con una muralla en forma de arco de unos 190 metros de recorrido, creando en el interior del recinto plataformas artificiales en las que habitar. Es el llamado Castro de las Lleras. 



8 jun 2013
autor López Campillo

Curiosidades 10. Vivir en las alturas

Parecerá increíble, pero el peñasco a la derecha fue elegido como punto fortificado en diferentes momentos históricos. Los investigadores distinguen estructuras claramente medievales y parece apuntar también a que sirvió de emplazamiento de un poblado fortificado (o castro) cántabro. Se observan 300 metros de talud artificial. Un enorme trabajo comunitario que permitió afianzar una terraza plana en la que asentar la población, aparte de servir de defensa. Hoy en día el llamado Castro de la Peñuca domina sobre la población de Colio, Liébana.














autor López Campillo

Curiosidades 6. Los vigías del tren

Seguimos conociendo las fortificaciones de la Guerra Civil en la llamada Línea del Asón, la última que intenta levantar (tarde y con pocos medios) el bando republicano para hacer frente al ataque del bando nacional desde el País Vasco. De fortificar la Línea del Asón se encargan tres batallones (además de presos políticos procedentes del penal de El Dueso), dependientes del Cuerpo de Ejército de Santander. El puesto de mando se situó a retaguardia, en Villaverde de Pontones. En Solares se sitúa el Hospital Divisionario.

En un altozano en el barrio de Primosto (Bárcena de Cicero), a la derecha del conocido puente de Treto si vamos dirección Santander-Bilbao, se levanta un fortín (20 metros de largo) y un nido de ametralladoras. Estaban conectados entre sí por trincheras en zig-zag. Se orientan a la ría, por lo que su cometido debió ser batir la vía ferroviaria que pasa a los pies de la loma. Pueden apreciarse a la izquierda de la imagen. 


Curiosidades 5. Una loma y dos guerras

Otro de los puntos dominantes que fueron fortificados durante la guerra civil dentro de la línea del río Asón.
La loma de Gromo, en la población de Argoños, vio su ladera oeste fortificada a base de trincheras y al menos 3 nidos de ametralladora (probablemente se levantaron más).

En imagen, entre el bosque de la parte superior y las viviendas que destrozaron la loma en años recientes, puede apreciarse el rastro de las trincheras. Presentan forma de arco y zig-zag, tratando de evitar los ametrallamientos, especialmente los aéreos, y la metralla de las explosiones. Las obras se ejecutaron con la mano de obra de presos procedentes del penal de El Dueso. En el centro de la imagen se divisa una trinchera con forma de arco. En sus extremos se aprecian dos manchas blanquecinas: dos nidos de ametralladora. Bajo el arco, una serie de trincheras en zigzag, y más huellas de trincheras en la campa de la derecha.

El Gromo alberga mojones militares de 1860, también restos de la fortificación desarrollada por el ejército napoleónico hacia 1813, estacadas y empalizadas las cuales, al igual que las trincheras de la guerra civil, han dejado su huella. Los vestigios de un fuerte napoleónico que llegó a tener una veintena de piezas artilleras pueden conocerse en lo alto del Gromo. Se trata de una obra realizada a base de tierra apisonada, fosos, parapetos y estacadas. Doscientos años después las escarpas arcillosas del llamado Fuerte del Gromo siguen parcialmente en pie, lo cual da buena cuenta del trabajo de los ingenieros militares franceses. 



7 jun 2013
autor López Campillo

Curiosidades 4. Un río fortificado

Dos de las fortificaciones de la Guerra Civil emplazadas en la loma de Vivero, Cicero. La loma alberga al menos seis fortines o galerías cubiertas para tiradores, más un nido de ametralladora con tronera doble. Estas posiciones batían con sus tiros la carretera y la línea ferroviaria dirección a Santander. Fueron levantadas en 1937 por el Batallón nº 4 de Ingenieros, con sede en Cicero y forman parte de un notable conjunto fortificado que se extiende a lo largo del último tramo del río Asón. Iremos conociendo más emplazamientos de la llamada Línea del Asón.



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Curiosidades 3. Los castros, o cómo obtener otra perspectiva de Cantabria

Fijarse en los emplazamientos que la arqueología señala como poblados fortificados pre-romanos da una perspectiva diferente de Cantabria. Empiezas a interesarte en el asunto y al moverte por estas tierras pasas a identificar cumbres y elevaciones particulares, o promontorios costeros, puntos conectados visualmente entre sí, que fueron escogidos en la edad del hierro para dar asiento a las "ciudades" fortificadas de los cántabros. Imaginas un territorio virgen, asalvajado, con ríos no encauzados y fieras, y arriba, protegidos tras fosos, estacadas y murallas, estos pobladores a menudo descritos como "bárbaros", aunque en verdad eran gentes adaptadas a su medio físico, aferrados a sus ritos y tradiciones, que manejaban la tecnología de la época. También empiezas a identificar las lomas, mesetas y estribaciones en que Roma plantó sus castellums y campamentos.

Un ejemplo es el llamado Cincho (al parecer antes recibe el nombre de "Hano"), monte situado entre las poblaciones de Arnuero y Soano, desde cuyas alturas se controla un sector de la costa oriental cántabra. Prospecciones y fotos aéreas antiguas vienen a confirmar en los últimos años la existencia de derrumbes de muralla que encierran la superficie plana en la que se remata el Cincho, la cual queda también protegida por cantiles naturales. Del latín "cinctum", el término Cincho es habitual en Cantabria para designar cercados de piedra situados en altura. Sorprende que entre poblaciones tan turísticas (Noja, Arnuero) ni se nombre su existencia, de momento es interesante contar con el dato: cuando vuelvas al entorno del Cincho, o lo conozcas por primera vez, seguro que tu perspectiva del lugar se amplia y el pasado se cuela por un instante.






autor López Campillo

THC 22. Castro y castellum de la Espina del Gallego, Corvera de Toranzo-Anievas-Arenas de Iguña

Un poblado fortificado de los indígenas cántabros, reconvertido después en fortificación romana tras uno de los asedios determinantes de las Guerras Cántabras: el Castro y castellum de la Espina del Gallego.

Se asienta sobre un punto de control estratégico, la principal vía histórica de comunicación entre la meseta y los valles costeros y puertos. Al menos otros 9 emplazamientos castreños son visibles desde la elevación de la Espina del Gallego.
Observamos tres recintos diferenciados, con sucesivas líneas de muralla. El recinto superior es el mejor ejemplo conocido de toda la península de fortín de campaña romano, con amurallamiento, instalaciones, un horno de hierro y un barracón de hasta 100 metros de largo. El segundo y tercer recinto se corresponden con las defensas amuralladas indígenas, con fosos dotados de estacas clavadas en su fondo. Es reseñable el camino enlosado de 2 m de anchura, problablemente debido a los pobladores cántabros, que aún hoy nos permite acceder a los diferentes niveles del emplazamiento. La línea defensiva exterior del castro llegó a tener una anchura de 3,5 metros y una altura cercana a los 2 m. La ladera oeste alberga evidencias de al menos 20 estructuras indígenas, chozas, establos, etc.
A día de hoy, los investigadores se inclinan por la posibilidad de que el emplazamiento tuviese una finalidad puramente defensiva, más que de hábitat permanente. El castro fue asediado, atacado y reocupado. Aún resulta sobrecogedor situarse en lo alto de la Espina y contemplar los numerosos emplazamientos desde los que los legionarios romanos dirigieron la toma y conquista (los cercanos Monte Cildá, El Cantón, o el más alejado Campo de las Cercas).

Puede decirse que es un impresionante museo al aire libre, seguramente menos conocido de lo que merece. El Castro y castellum de la Espina del Gallego bien pudiera ofrecer a los ciudadanos los materiales arqueológicos hallados, monedas romanas, puntas de hierro de proyectiles de catapulta, clavos, restos cerámicos...

Imagen: vestigios de amurallamiento y barracón romano, Castro y castellum de la Espina del Gallego. Al fondo a la izquierda, señalado por una antena, emplazamiento del campamento romano de Cildá.










THC 21. Torre de San Martín de Hoyos

Entre los siglos XIV y XV son conocidas las "luchas de bandos" o de "banderías", disputas por bienes y tierras. Los linajes banderizos de Campoo construyen en la comarca gran número de torreones defensivos que además servían para simbolizar el poderío económico y la autoridad del linaje (los Bravo, Mantilla, Hoyos, Bustamante, Ríos, etc).
La población de San Martín de Hoyos conserva una de estas torres. Muros de gran grosor (1,80 m) rellenados de cascotes y argamasa, 11 m de lado y una altura de 14 m. Los esquinales son de sillería. Cuenta con una puerta de arco ojival y dos ventanas del mismo tipo, aspilleras para permitir disparar desde el interior y un gran foso con contrafoso, parcialmente rellenados pero perfectamente apreciables hoy en día, lo cual permite hacerse una idea más cercana de cuál fue el porte defensivo de la torre. Tuvo almenas y su interior aparece hoy vaciado.
El origen de la Torre de San martín de los Hoyos se remonta al siglo XIV. Está enclavada en una loma al sur de la población. Emblema del señorío de los Hoyos y control del pago de tasas de los productos que se desease comercializar en la comarca.
En años recientes se han realizado labores de consolidación de los muros de la torre, eliminando una notable grieta que amenazaba su conservación.



autor López Campillo

THC 20. Castro de Las Rabas, Cervatos, Campoo de Enmedio.

Una loma de Cervatos fue el lugar elegido para levantar un destacado poblado fortificado cántabro. Desde lo alto de la loma se domina visualmente la vía natural meseta-Pozazal-Reinosa-Valle de Buelna, aunque sorprende que los cántabros eligiesen este promontorio sin grandes pendientes naturales, aparente fácil acceso y que queda a merced de puntos cercanos como La Poza y El Pedrón (emplazamientos que a la postre sirvieron a los romanos para plantar los campamentos desde los que se asedió y tomó el castro de Las Rabas). 
Las Rabas a cambio ofrecía un entorno óptimo para desarrollar su actividad económica, con el río Marlantes corriendo en su base y fácil acceso a una gran llanura de pastos que aún hoy se conserva casi íntegra.
Ocupa 10 hectáreas y presenta dos líneas de murallas bien definidas, la interior bien visible en nuestros días. Fosos de más de 2 metros de anchura y empalizadas completaban el sistema defensivo del castro.
Serían necesarias más prospecciones arqueológicas para comprender mejor esta fortaleza de los cántabros. Se han hallado cerámicas indígenas con gran variedad de decoraciones a base de incisión, también cerámica propia de los poblados de los valles del Ebro y Duero, lo cual permite suponer la existencia de comercio y contacto cultural. Igualmente se han recuperado todo tipo de restos metálicos que resumen las actividades económicas del poblado (fragmentos de hoces, azadas, anzuelos para pesca fluvial, alfileres de costura).
El castro pudo estar habitado desde el siglo IV antes de nuestra era. Las evidencias apuntan a que fue tomado por las legiones romanas hacia el año 25 a.n.e: presenta un nivel de incendio, un castellum (El Pedrón, unos 400 legionarios) y un campamento (La Poza, en torno a 10.000) fueron levantados en las inmediaciones, aparte de los restos metálicos y monedas romanas que atestiguan las operaciones militares sobre el castro.

Imagen: vestigios de las defensas amuralladas del Castro de las Rabas.







autor López Campillo

THC 16. Torre del Pontón, Linares

La torre del Pontón y otras dos más fueron construidas en el siglo XIV para controlar el paso entre la comarca lebaniega y el Valle de Peñarrubia y la cuenca del Nansa, por Lamasón. La estratégica ubicación conllevó la edificación de hasta tres torres en Linares, las otras dos hoy en día perdidas.
Perteneció al señor de Linares, quien acrecentó su poder en el Valle de Peñarrubia y lo mantuvo por siglos. Sus descendientes habitan la torre hasta el siglo XVIII.

Cuenta con planta cuadrada de 9 metros de lado, 14 metros de altura y un interior distribuído en cuatro alturas. Originalmente la primera planta se dedicaba al establo, granero la segunda, planta noble y habitación del señor la tercera. La cuarta planta es la zona defensiva de las almenas. Los muros de mampostería cuentan con un grosor de 80 cms y están rematados por sillerías areniscas en los esquinales. Es uno de los monumentos medievales más relevantes de la Cantabria occidental, símbolo del feudalismo de la época y de la importancia estratégica e histórica que esta zona septentrional de la Cordillera Cantábrica tuvo en toda la Edad Media.

Su tipología responde al esquema arquitectónico de otras torres defensivas de Cantabria. Era apta para un modo de combate con escasos efectivos humanos, armados con picas, ballestas, dardos y espadas, asedios de poca entidad, guerras de escaramuzas y asaltos sorpresivos. Las esquinas de esta atalaya defensiva se orientan a los puntos cardinales. Presenta un acceso en la fachada sureste en forma de arco apuntado, también aspilleras y troneras que permiten disparar desde su interior. Su estado de conservación es excelente tras la rehabilitación en años recientes.




autor López Campillo

THC 13. Castro de la Peña de Sámano, Castro-Urdiales.

Ocupa buena parte de la Peña de Sámano, 10 hectáreas de terreno que quedaba protegido bien por extensas murallas en los puntos más vulnerables, bien por los vertiginosos cortes naturales de la peña. 
En lo alto han podido distinguirse vestigios de una cierta organización urbana, con edificaciones de planta ovalada o rectangular con ángulos redondeados. El centro de esta "ciudad" se sitúa alrededor de la Cueva de Ziguste, todo ello en una depresión natural del terreno que debía facilitar las condiciones de vida.
Los arqueólogos han rescatado puntas de lanza, dardos, un hacha, una fíbula (algo así como un imperdible para la ropa), cerámicas a mano y a torno, y una fusayola (elemento para las labores textiles domésticas). La decoración de la fusayola recuerda los motivos lunares de las estelas de los vecinos cántabros. Era el pueblo de los autrigones, al parecer asentado al este del río Agüera, el que levantó y habitó el castro.
El control visual se extiende sobre los valles de Sámano y Tabernillas. Hacia el norte se aprecian con claridad los promontorios de Cotolino y El Cueto, hoy en el área urbana de Castro-Urdiales, emplazamientos señalados por los investigadores como posibles castros. El peñasco queda flanqueado al sur por un riachuelo, muy cerca, al oeste, pasa el río Mioño.
Pudo tener una existencia continuada de unos 800 años, llegando a extenderse en los primeros tiempos de la romanización.

Imagen: la Peña de Sámano. Las defensas son muy visibles incluso desde la distancia. Señalo el acceso norte al castro, la llamada Puerta de la Sangaza. Por desgracia hay que concluir el artículo haciendo mención a la cantera. La naturaleza, la cultura y la historia de Cantabria pierden en la Peña de Sámano la batalla.








6 jun 2013
autor López Campillo

THC 11. Conjunto fortificado del Monte Picota, Piélagos.

El Monte Picota se localiza entre las localidades de Mortera y Liencres, pertenecientes al término municipal de Piélagos y constituye uno de los accidentes geográficos más notables y destacados de la llanura litoral del centro de la Región Cantábrica.
Esta sierra, que cierra por el Noroeste la comarca de la Bahía de Santander, constituye un punto estratégico, desde donde es posible controlar buena parte de la costa cantábrica, al menos, entre las desembocaduras del Saja-Besaya (por el Oeste), hasta Cabo Mayor (por el Este).
Su estratégica ubicación fue aprovechada ya desde la Prehistoria: así, en este monte se han documentado afloramientos de sílex explotados, al menos, desde el Paleolítico Medio (100.000-40.000 años antes del presente), por grupos de neandertales.
Ya en el siglo XX, el Picota va a desempeñar un notable papel en el control militar de la llanura litoral ubicada en torno a la ciudad de Santander.
El conjunto de estructuras de la sierra costera del Picota constituye un claro ejemplo de línea defensiva fortificada de la Guerra Civil española. Se trata de una línea de defensa que tiene su punto fuerte en la orografía, por su ubicación en zonas altas y de difícil acceso frontal de los nidos de ametralladoras y su principal debilidad en las propias características de las estructuras.
La combinación del terreno con estructuras de mampostería y trincheras excavadas en el suelo conforman un conjunto singular y de indudable interés histórico-cultural. Todas sus características hacen de las trincheras y nidos de ametralladoras del Picota un conjunto excepcional que necesita de una protección que garantice su permanencia y el disfrute por parte de los ciudadanos.
El Monte Picota alberga una elevada concentración de estructuras defensivas: Búnkers, trincheras antiaéreas, nidos de ametralladoras, depósitos de munición e incluso pequeñas cavidades empleadas como improvisadas viviendas y polvorines, jalonan las cimas y laderas altas del monte, constituyendo una de las mayores redes de estructuras bélicas del s. XX conservadas en nuestra Comunidad Autónoma.

Texto extraído de B.O.E, 6-2-2009.

Imagen: uno de los (al menos) 23 nidos de ametralladora que componen este impresionante conjunto fortificado.



Espacio para la divulgación del patrimonio histórico cántabro. Funciona a modo de inventario de "hitos con historia" esparcidos por los valles, montañas y pueblos de la región, entre la prehistoria y la guerra civil: cuevas y abrigos prehistóricos, grabados post-paleolíticos, menhires y túmulos megalíticos, poblados castreños, estelas, campamentos romanos, necrópolis, ermitas rupestres, iglesias, retablos, torres medievales, fortalezas, casonas solariegas, escudos, batanes, ferrerías, molinos de marea y río, hórreos, faros, trincheras, nidos de ametralladora...
cachos de historia que sin duda merecen ser conocidos, valorados y preservados.

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