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THC 26. Batán de Aniezo, Cabezón de Liébana
Aniezo es una población de Cabezón de Liébana situada en la vertiente oeste de Peña Sagra y atravesada por el río Aniezo, tributario del Deva.
En el centro del pueblo podemos conocer un "parque del agua" (presas, molino, puente medieval, lavadero) en el que destaca una pisa o batán, recuerdo de oficios perdidos.
En 1753 aparece citada la existencia de una pisa en Aniezo. Un siglo después se tiene constancia de dos. Son artefactos construídos en madera que aprovechan la fuerza de la corriente y permitían golpear, desengrasar y enfurtir las toscas telas procedentes del telar que se situaba en la población de Cabezón. El resultado era un paño tupido y resistente.
Claudio Martínez, vecino de Aniezo, es considerado el último pisador y molinero del pueblo: "Bajábamos con los burros todos los lunes a recoger las telas que nos dejaban en Potes. Era un trabajo muy sacrificado, ya que había que estar pendiente de la pisa durante dos o tres días continuamente, cada vez que colocabas en el cajón o "peju" la tela doblada, que era golpeada por los mazos. El agua, venía desviada por un canal y se regulaba su entrada a la pisa. Una gran rueda iba girando, y entre las paletas que tenía la rueda, iban colocados unos botes de madera, que recogían el agua y mojaban constantemente la tela, que se medía en varas, y cada una de ellas tenía cuatro cuartas, aproximadamente, lo que equivalía a 88 centímetros. De cada cinco varas, mermaba siempre una. Con el sayal pisado se hacían mantas, escarpines, alforjas, o costales".
Mazos de madera de unos 70 u 80 kilos, encargados de golpear la ropa.
Testimonio de Claudio Martínez extraído de Diario Montañés.
En el centro del pueblo podemos conocer un "parque del agua" (presas, molino, puente medieval, lavadero) en el que destaca una pisa o batán, recuerdo de oficios perdidos.
En 1753 aparece citada la existencia de una pisa en Aniezo. Un siglo después se tiene constancia de dos. Son artefactos construídos en madera que aprovechan la fuerza de la corriente y permitían golpear, desengrasar y enfurtir las toscas telas procedentes del telar que se situaba en la población de Cabezón. El resultado era un paño tupido y resistente.
Claudio Martínez, vecino de Aniezo, es considerado el último pisador y molinero del pueblo: "Bajábamos con los burros todos los lunes a recoger las telas que nos dejaban en Potes. Era un trabajo muy sacrificado, ya que había que estar pendiente de la pisa durante dos o tres días continuamente, cada vez que colocabas en el cajón o "peju" la tela doblada, que era golpeada por los mazos. El agua, venía desviada por un canal y se regulaba su entrada a la pisa. Una gran rueda iba girando, y entre las paletas que tenía la rueda, iban colocados unos botes de madera, que recogían el agua y mojaban constantemente la tela, que se medía en varas, y cada una de ellas tenía cuatro cuartas, aproximadamente, lo que equivalía a 88 centímetros. De cada cinco varas, mermaba siempre una. Con el sayal pisado se hacían mantas, escarpines, alforjas, o costales".
En 1987 este vecino construyó el batán que hoy podemos contemplar. "Fue un trabajo que lo hice por nostalgia, ya que en este lugar trabajé desde chaval con mi padre. Conseguí la madera en el monte de Aniezo. Lo que más me costó hacer fue la rueda, ya que hay que tener mucha precisión para poder componerla, pero el trabajo está hecho, y me gusta que forme parte de este conjunto etnográfico, así como que venga la gente a visitarlo".
Cantabria contó con numerosos batales, comunales y privados. Ledantes y Aniezo albergan las dos últimas muestras.Mazos de madera de unos 70 u 80 kilos, encargados de golpear la ropa.
Testimonio de Claudio Martínez extraído de Diario Montañés.
Curiosidades 23. Molino no muy recordado
Sucede
en ocasiones que resulta complicado obtener información acerca de
muestras de patrimonio histórico cántabro. Es el caso de este
molino de río. El edificio está muy reformado, aunque sin duda su
origen es antiguo. Conserva la rueda de molienda y la presa
canalizada que le daba movimiento. Es un edificio de dos plantas, la
primera destinada al molino, la segunda a modo de vivienda del
molinero. Se encuentra en Beranga. La web municipal no recoge su
existencia, en toda la web sólo se cita el molino en páginas de
inmobiliarias, al estar en venta. Al menos, nos contentamos con dejar
aquí su estampa.
THC 6. Batán de Ledantes, Vega de Liébana.
Las
pisas o batanes son ingenios que permitían convertir la tosca lana
procedente de los telares, en un tejido tupido y consistente. La
fuerza de la corriente de agua mueve una rueda hidráulica ligada a
un eje, el cual activa los mazos (80 kgs cada uno) que golpeaban la
lana hasta compactarla. Eran empleados para alisar y tupir faldas,
vestidos, chaquetas, mantas. Las primeras referencias a batanes en
España se remontan al siglo XII, el Quijote los cita y su actividad
ha perdurado en algunos casos hasta mediados del siglo XX.
La tela se colocaba remojada en agua a fin de impedir que el golpeteo de los mazos la calentase y dañase. La operación se prolongaba durante uno o dos días, con contínuos cambios de posición de las telas. El batán fue la primera operación de la industria textil que el hombre consiguió mecanizar.
El batán de Ledantes es uno de los dos excelentes ejemplos que podemos conocer en Cantabria. El ingenio de Ledantes recoge las aguas de los arroyos Valtiero y San Andrés, construído en madera de roble y con algunos de sus elementos hidráulicos originales. El emplazamiento del batán persigue el aprovechamiento del mayor caudal. Se trata de un entorno espectacular poblado de álamos, alisos, fresnos, sauces, robles, bajo el hermoso pueblo de Ledantes.
La tela se colocaba remojada en agua a fin de impedir que el golpeteo de los mazos la calentase y dañase. La operación se prolongaba durante uno o dos días, con contínuos cambios de posición de las telas. El batán fue la primera operación de la industria textil que el hombre consiguió mecanizar.
El batán de Ledantes es uno de los dos excelentes ejemplos que podemos conocer en Cantabria. El ingenio de Ledantes recoge las aguas de los arroyos Valtiero y San Andrés, construído en madera de roble y con algunos de sus elementos hidráulicos originales. El emplazamiento del batán persigue el aprovechamiento del mayor caudal. Se trata de un entorno espectacular poblado de álamos, alisos, fresnos, sauces, robles, bajo el hermoso pueblo de Ledantes.
THC 3. Ferrería de La Yseca, Guriezo
El
Real Valle de Guriezo ha contado desde la Edad Media con una notable
industria ferrera. La producción abastecía las factorías de Marrón
y también era exportada por tierra a Castilla, a través de
Valmaseda, y por vía marítima, desde el embarcadero de Oriñón. La
forja fue durante siglos una actividad de gran arraigo en
Cantabria, llegando incluso a contar con un "fuero de los
herreros" dictado por el rey Alfonso XI. Estos ingenios
hidráulicos asentados en las riberas de los ríos permitieron el
desarrollo de sectores como el naval.
La ferrería de La Yseca es considerada la más antigua de Cantabria. Su origen parece remontarse al siglo XIII. En 1609 aparece documentada como propiedad de Diego Marroquín de la Iseca. Se trata de un edificio de planta rectangular, con fragua y naves para el mazo y los barquines, separadas por cuatro carboneras. Se conserva el mecanismo necesario para hacer funcionar el ingenio hidráulico, restos de hornos de calcinación y la correspondiente presa en el río Agüera. La actividad ferrera requería carbón vegetal; en los montes circundantes es posible localizar los vestigios de las carboneras centenarias. También en Guriezo, concretamente en Agúera, se conservan las ruínas de otra ferrería.
La ferrería de La Yseca forma un complejo con la Casona de los Marroquín, en un entorno boscoso en el que podemos conocer encinas o tejos con varios siglos a sus espaldas. Actualmente es complicado realizar una visita, el lugar no cuenta siquiera con un cartel que indique la existencia de la ferrería, pese a tratarse de una muestra patrimonial de primer orden. Citamos además el hecho llamativo de que en Guriezo en la década de los 2000 se hayan demolido dos torres medievales que han sido sustituídas por urbanizaciones (que pasan a denominarse "La Torre"). Pese a lo dicho, una visita recomendable y una interesante y valiosa muestra de patrimonio cultural.
La ferrería de La Yseca es considerada la más antigua de Cantabria. Su origen parece remontarse al siglo XIII. En 1609 aparece documentada como propiedad de Diego Marroquín de la Iseca. Se trata de un edificio de planta rectangular, con fragua y naves para el mazo y los barquines, separadas por cuatro carboneras. Se conserva el mecanismo necesario para hacer funcionar el ingenio hidráulico, restos de hornos de calcinación y la correspondiente presa en el río Agüera. La actividad ferrera requería carbón vegetal; en los montes circundantes es posible localizar los vestigios de las carboneras centenarias. También en Guriezo, concretamente en Agúera, se conservan las ruínas de otra ferrería.
La ferrería de La Yseca forma un complejo con la Casona de los Marroquín, en un entorno boscoso en el que podemos conocer encinas o tejos con varios siglos a sus espaldas. Actualmente es complicado realizar una visita, el lugar no cuenta siquiera con un cartel que indique la existencia de la ferrería, pese a tratarse de una muestra patrimonial de primer orden. Citamos además el hecho llamativo de que en Guriezo en la década de los 2000 se hayan demolido dos torres medievales que han sido sustituídas por urbanizaciones (que pasan a denominarse "La Torre"). Pese a lo dicho, una visita recomendable y una interesante y valiosa muestra de patrimonio cultural.




