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THC 37. Torre de Ruerrero, Valderredible.
En un alto sobre el pueblo de Ruerrero, Valderredible, se conserva a duras penas una torre de los siglos XIV-XV. No parece claro si estuvo ligada al poderío del linaje de los Bustamante o de los Aguilar, o bien bajo la influencia de la cercana Colegiata de San Martín de Elines.
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THC 36. Menhir del Alto de Lodos, Ampuero-Rasines-Guriezo
Recibe el nombre de Ilso de Lodos y es un vestigio de la actividad de las primeras sociedades agrícolas-ganaderas que hacia el V milenio a.c comienzan a dominar y explotar nuevos territorios.
Como "ilso", también "yelso", aparecen designados diversos menhires, en especial en la Cantabria oriental (el de Hayas es un ejemplo cercano). Se trata de un monumento levantado a finales del periodo neolítico, tiempo de nuevas formas económicas y culturales, nuevos ritos y creencias, en medio de un clima que va paulatinamente templándose hasta alcanzar parámetros similares a los actuales.
El Alto de Lodos es una de las elevaciones (540 metros sobre el nivel del mar) que conforman la cuenca del Arroyo Remendón, que más adelante formará el Río Agüera. Se alza a 12 kms de la costa y desde su posición se domina ampliamente la franja costera y los valles a oriente, occidente y sur. A occidente del Alto de Lodos se abre el valle del río Rivahermosa, a su vez tributario del Asón. La elevación queda por lo tanto encajada entre las cuencas del Asón y el Agüera. El entorno es muy rico en manantiales y fuentes. La cima del Alto de Lodos se dispone a modo de campa amplia y propicia para la actividad ganadera, así es hoy y así fue desde el V milenio a.c.
Visión hacia el sur desde el Alto de Lodos. El cordal en la imagen sirve de límite Cantabria-País Vasco.
El menhir es parte de un conjunto megalítico que incluye con certeza un dolmen y otro menhir (habrá tiempo de hablar de ellos). Además, se constata la existencia de diversos posibles túmulos, aunque muy arrasados y que plantean dudas a los investigadores. Hacia el norte del conjunto megalítico surge la forma del peñasco que da asiento a la Ermita de las Nieves, elevación muy característica y visible desde gran parte del oriente cántabro. Siguiendo hacia el norte se localiza la estación megalítica de Hayas-Alto de Guriezo, con dos menhires y diversos túmulos, la cual queda a medio camino entre Lodos y la costa de Laredo-Liendo.
Sin contar su sección enterrada, mide 1,86 metros de longitud. Es un bloque de caliza cuya superficie fue preparada y redondeada mediante intensas labores de desbastado. Hoy sirve como hito divisorio entre las poblaciones de Ampuero, Rasines y Guriezo (otra característica habitual de numerosos monumentos megalíticos cántabros es su utilización histórica como mojones territoriales al menos desde la Edad Media). Presenta una cruz grabada apenas visible, probablemente producto de su uso como referencia territorial, y tal vez realizada en tiempos medievales.
El menhir cumple otra de las características comunes a este tipo de monumentos megalíticos: la diferente composición respecto a la roca del entorno. En este caso, la caliza del Ilso de Lodos contrasta con las rocas areniscas y arcillosas del paraje inmediato.
Una estampa recurrente en los santuarios megalíticos de la región. Las brañas que fueron "conquistadas" para la actividad pastoril hacia el V milenio a.c, son hoy espacios privilegiados para el ganado en los meses cálidos.
A la izquierda el menhir de Lodos, poco aparente desde esta perspectiva. A la derecha, al fondo, desembocadura del Río Asón. Al ampliar sobre la imagen (pinchar sobre ella) se aprecia a la derecha la población de Colindres.
La imagen permite representar la relación espacial entre las dos estaciones megalíticas que han salido a relucir en el artículo. En primer término se distingue uno de los enterramientos tumulares de Hayas, completamente cubierto por una capa de herbáceas. El menhir de Hayas se localiza a unos pasos de este túmulo. A la izquierda de la imagen, sobre el horizonte, destaca el Pico de las Nieves, cuya posición respecto al menhir de Lodos hemos visto.
Conocer estos enclaves es una experiencia más que interesante, nos conecta con una cultura milenaria sobre la que apenas conocemos nada, y al mismo tiempo, plantados frente a un menhir o un túmulo, vemos nuestro reflejo y nos reconocemos.
Algunos de los túmulos citados de pasada en el artículo han sido arrasados por maquinaria en explotaciones de eucaliptos. La puesta en valor es inexistente. El Alto de Lodos cuenta con tres o cuatro carteles explicativos plantados hace años. Desde hace años, también, no queda ya ni una sola palabra legible en ellos.
Bibliografía consultada: El megalitismo en Cantabria: aproximación a una realidad arqueológica olvidada, Luis César Teira Mayolini, Ed. U.Cantabria, 1994.
Como "ilso", también "yelso", aparecen designados diversos menhires, en especial en la Cantabria oriental (el de Hayas es un ejemplo cercano). Se trata de un monumento levantado a finales del periodo neolítico, tiempo de nuevas formas económicas y culturales, nuevos ritos y creencias, en medio de un clima que va paulatinamente templándose hasta alcanzar parámetros similares a los actuales.
El Alto de Lodos es una de las elevaciones (540 metros sobre el nivel del mar) que conforman la cuenca del Arroyo Remendón, que más adelante formará el Río Agüera. Se alza a 12 kms de la costa y desde su posición se domina ampliamente la franja costera y los valles a oriente, occidente y sur. A occidente del Alto de Lodos se abre el valle del río Rivahermosa, a su vez tributario del Asón. La elevación queda por lo tanto encajada entre las cuencas del Asón y el Agüera. El entorno es muy rico en manantiales y fuentes. La cima del Alto de Lodos se dispone a modo de campa amplia y propicia para la actividad ganadera, así es hoy y así fue desde el V milenio a.c.
Visión hacia el sur desde el Alto de Lodos. El cordal en la imagen sirve de límite Cantabria-País Vasco.
El menhir es parte de un conjunto megalítico que incluye con certeza un dolmen y otro menhir (habrá tiempo de hablar de ellos). Además, se constata la existencia de diversos posibles túmulos, aunque muy arrasados y que plantean dudas a los investigadores. Hacia el norte del conjunto megalítico surge la forma del peñasco que da asiento a la Ermita de las Nieves, elevación muy característica y visible desde gran parte del oriente cántabro. Siguiendo hacia el norte se localiza la estación megalítica de Hayas-Alto de Guriezo, con dos menhires y diversos túmulos, la cual queda a medio camino entre Lodos y la costa de Laredo-Liendo.
Sin contar su sección enterrada, mide 1,86 metros de longitud. Es un bloque de caliza cuya superficie fue preparada y redondeada mediante intensas labores de desbastado. Hoy sirve como hito divisorio entre las poblaciones de Ampuero, Rasines y Guriezo (otra característica habitual de numerosos monumentos megalíticos cántabros es su utilización histórica como mojones territoriales al menos desde la Edad Media). Presenta una cruz grabada apenas visible, probablemente producto de su uso como referencia territorial, y tal vez realizada en tiempos medievales.
El menhir cumple otra de las características comunes a este tipo de monumentos megalíticos: la diferente composición respecto a la roca del entorno. En este caso, la caliza del Ilso de Lodos contrasta con las rocas areniscas y arcillosas del paraje inmediato.
Una estampa recurrente en los santuarios megalíticos de la región. Las brañas que fueron "conquistadas" para la actividad pastoril hacia el V milenio a.c, son hoy espacios privilegiados para el ganado en los meses cálidos.
A la izquierda el menhir de Lodos, poco aparente desde esta perspectiva. A la derecha, al fondo, desembocadura del Río Asón. Al ampliar sobre la imagen (pinchar sobre ella) se aprecia a la derecha la población de Colindres.
La imagen permite representar la relación espacial entre las dos estaciones megalíticas que han salido a relucir en el artículo. En primer término se distingue uno de los enterramientos tumulares de Hayas, completamente cubierto por una capa de herbáceas. El menhir de Hayas se localiza a unos pasos de este túmulo. A la izquierda de la imagen, sobre el horizonte, destaca el Pico de las Nieves, cuya posición respecto al menhir de Lodos hemos visto.
Conocer estos enclaves es una experiencia más que interesante, nos conecta con una cultura milenaria sobre la que apenas conocemos nada, y al mismo tiempo, plantados frente a un menhir o un túmulo, vemos nuestro reflejo y nos reconocemos.
Algunos de los túmulos citados de pasada en el artículo han sido arrasados por maquinaria en explotaciones de eucaliptos. La puesta en valor es inexistente. El Alto de Lodos cuenta con tres o cuatro carteles explicativos plantados hace años. Desde hace años, también, no queda ya ni una sola palabra legible en ellos.
Bibliografía consultada: El megalitismo en Cantabria: aproximación a una realidad arqueológica olvidada, Luis César Teira Mayolini, Ed. U.Cantabria, 1994.
24 jul 2013
autor López Campillo
THC 35. Castro y campamento romano de Santa Marina, Valdeolea
Castro indígena prerromano, campamento romano, ocupación medieval que incluía una ermita que se perdió en el siglo XIX y fortificación atrincherada durante la Guerra Civil. Los cuatro momentos de la historia se dan cita en las dos cimas del Monte Ornedo, Valdeolea. Un rompecabezas para la arqueología y un yacimiento fundamental para entender las Guerras Cántabras (lo cual no ha impedido que en los últimos años maquinaria financiada por los cántabros del siglo XXI, gracias a la encomiable labor del gobierno regional, haya arrasado gran parte de la superficie del yacimiento).
Estimación de las estructuras de la cima oriental del Monte Ornedo. En gris, defensas atribuídas a la Edad Media. En rojo las que parecen definir la fortificación planteada por los romanos. En naranja, "otras estructuras". (Fuente:: Castros y Castra en Cantabria, VV.AA, Acanto, 2010).
Recreación del Castro de Santa Marina. (Fuente: Diario Montañés). La infografía recoge la posible extensión de 19 ha que llegó a tener este oppidum cántabro, el más extenso de los conocidos en esta tierra.
Fosos excavados en el terreno y parapetos de tierra (contrafosos) que se alzaban con el material extraído de los fosos. Santa Marina conserva un foso doble bien visible. Cada uno de los terraplenes debió alcanzar una altura de cuatro metros y quedaban rematados por estacadas. Se identifican como parte de las defensas levantadas por los romanos una vez tomado el poblado indígena cántabro.
El corte en este terraplén hace visible las técnicas de fortificación romanas.
Tachuelas de sandalia de legionario romano halladas en el Castro de Santa Marina (también en el Castro de las Rabas y el Campamento del Pedrón, ambos en Cervatos, así como en Retortillo).
Clavijas de las tiendas de campaña legionarias. Las dos situadas a la derecha fueron halladas en el castro que nos ocupa. Las otras dos corresponden al Campamento romano de La Poza (Cervatos).
Es una de las piezas arqueológicas rescatadas de Santa Marina en los últimos años. Apareció en un punto muy concreto donde se registra una aglomeración de materiales cántabros y romanos, con el denominador común de ser piezas con función militar. El lugar parece corresponderse con una de las puertas del castro. Se trata por lo tanto de la evidencia de un enfrentamiento armado. El Castro de Santa Marina pasa a la lista de escenarios de las Guerras Cántabras.
En multitud de ocasiones un mismo paraje concentra el recuerdo del paso de los hombres a través de los milenios. En primer término encontramos dos posibles menhires, también descritos como posibles hitos medievales (hablamos sobre ellos aquí). Al fondo, la elevación del Monte Ornedo en cuyas cimas se asentó una de las mayores "ciudades" de los cántabros prerromanos.
Bibliografía consultada: Cántabros, origen de un pueblo, VV.AA, Adic, 2012.
Castros y Castra en Cantabria, VV.AA, Acanto, 2010.
Más información...El recinto campamental romano de Santa Marina (Valdeolea, Cantabria), Pedro Ángel Fernández Vega, Rafael Bolado del Castillo, Munibe, 2011.
El Arqueositio de Camesa ayer y hoy. Una visión integral desde la dirección del taller de empleo Valdeolea, Pedro Ángel Fernández Vega, Lino Mantecón Callejo, Ayto. Valdeolea, 2012.
Estimación de las estructuras de la cima oriental del Monte Ornedo. En gris, defensas atribuídas a la Edad Media. En rojo las que parecen definir la fortificación planteada por los romanos. En naranja, "otras estructuras". (Fuente:: Castros y Castra en Cantabria, VV.AA, Acanto, 2010).
Recreación del Castro de Santa Marina. (Fuente: Diario Montañés). La infografía recoge la posible extensión de 19 ha que llegó a tener este oppidum cántabro, el más extenso de los conocidos en esta tierra.
Fosos excavados en el terreno y parapetos de tierra (contrafosos) que se alzaban con el material extraído de los fosos. Santa Marina conserva un foso doble bien visible. Cada uno de los terraplenes debió alcanzar una altura de cuatro metros y quedaban rematados por estacadas. Se identifican como parte de las defensas levantadas por los romanos una vez tomado el poblado indígena cántabro.
El corte en este terraplén hace visible las técnicas de fortificación romanas.
Es una de las piezas arqueológicas rescatadas de Santa Marina en los últimos años. Apareció en un punto muy concreto donde se registra una aglomeración de materiales cántabros y romanos, con el denominador común de ser piezas con función militar. El lugar parece corresponderse con una de las puertas del castro. Se trata por lo tanto de la evidencia de un enfrentamiento armado. El Castro de Santa Marina pasa a la lista de escenarios de las Guerras Cántabras.
En multitud de ocasiones un mismo paraje concentra el recuerdo del paso de los hombres a través de los milenios. En primer término encontramos dos posibles menhires, también descritos como posibles hitos medievales (hablamos sobre ellos aquí). Al fondo, la elevación del Monte Ornedo en cuyas cimas se asentó una de las mayores "ciudades" de los cántabros prerromanos.
Pugio, puñal característico del legionario romano. Posee un nervio central que confiere firmeza a la hoja. Fue rescatado del yacimiento de Santa Marina y puede conocerse en el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria, al igual que las demás piezas arqueológicas mostradas en el artículo.
Bibliografía consultada: Cántabros, origen de un pueblo, VV.AA, Adic, 2012.
Castros y Castra en Cantabria, VV.AA, Acanto, 2010.
Más información...El recinto campamental romano de Santa Marina (Valdeolea, Cantabria), Pedro Ángel Fernández Vega, Rafael Bolado del Castillo, Munibe, 2011.
El Arqueositio de Camesa ayer y hoy. Una visión integral desde la dirección del taller de empleo Valdeolea, Pedro Ángel Fernández Vega, Lino Mantecón Callejo, Ayto. Valdeolea, 2012.
22 jul 2013
autor López Campillo















