autor : López Campillo 5 jun. 2013

Es un cerro aislado y alargado de menos de 200 metros de longitud que se localiza en un entorno muy poco alterado por la acción del hombre. En algún momento previo a la ocupación romana, los cántabros eligieron este cerro como lugar de hábitat convenientemente fortificado, aprovechando para ello sus paredes naturales. Los investigadores han hallado cerámica a mano y terrazas cultivables que así lo atestiguan. Por otro lado, el hallazgo de puntas de flecha y diverso material militar romano permite saber que la roca en cuestión sirvió de emplazamiento de un campamento romano. La aparición de antoninianos, monedas romanas datadas en el siglo III de nuestra era, refuerza esta idea. La secuencia de la ocupación del cerro no está aún clara y queda pendiente de nuevas investigaciones, es decir, no se conoce a ciencia cierta en qué momento fue un castro cántabro y si el campamento romano se estableció inmediatamente después, o bien fue plantado en el siglo tercero. A 200 metros del Castro de Abiada corre el río Guares, el cual nace en el entorno de Brañavieja. Como es lógico, la presencia de fuentes de agua cercanas es una constante en los poblados castreños. El peñasco de Abiada ofrece un control visual amplio, más por su situación que por su elevación. Destacar finalmente la presencia de claros terraplenes artificiales que cerraban los puntos más vulnerables, y de estrechos pasos labrados en la roca que permiten subir a lo alto. Uno de esos lugares donde la historia se ha detenido e impregna el silencio.



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Espacio para la divulgación del patrimonio histórico cántabro. Funciona a modo de inventario de "hitos con historia" esparcidos por los valles, montañas y pueblos de la región, entre la prehistoria y la guerra civil: cuevas y abrigos prehistóricos, grabados post-paleolíticos, menhires y túmulos megalíticos, poblados castreños, estelas, campamentos romanos, necrópolis, ermitas rupestres, iglesias, retablos, torres medievales, fortalezas, casonas solariegas, escudos, batanes, ferrerías, molinos de marea y río, hórreos, faros, trincheras, nidos de ametralladora...
cachos de historia que sin duda merecen ser conocidos, valorados y preservados.

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