autor : López Campillo 6 jun. 2013

La cueva de Hornos de la Peña alberga una de las más completas colecciones de representaciones paleolíticas del cantábrico, con hasta 35 grabados, más un caballo pintado en negro, realizados hace unos 18.000-13.000 años.

Impresionantes figuras de notable tamaño realizadas con naturalismo, caballos, bisontes, ciervos, uros, cabras, un bisonte, un reno, una serpiente...Los artistas paleolíticos de Hornos de la Peña prestaron gran atención al detalle y podemos contemplar crineras, ojos, bocas.

Está orientada al sur en posición dominante sobre un amplio valle fluvial. Cuenta con un gran vestíbulo que atrajo a los últimos grupos de neandertales y los primeros Homo sapiens. Desde el vestíbulo nos encontramos con un desarrollo de unos 150 metros. Tras un estrecho pasadizo que recorremos agachados se halla una gran sala de la que parten dos nuevas galerías. La de la derecha, más larga y sinuosa, nos conduce directamente a la cámara final. De nuevo es preciso agacharse, antes de recibir un sobrecogimiento que nos acompañará al salir al exterior.

En un hueco estratégico se localiza un grabado incomprensible que hace enmudecer. Mitad humano, mitad animal, larga cola y brazo levantado. Situados en el espacio exacto que el autor ocupó al realizar el grabado, las preguntas se disparan y te dejan tan encogido como tu postura.

La cueva cuenta con visitas guiadas de 45 minutos. Es reseñable la excelente divulgación realizada por los guías.

Imagen del antropomorfo de Hornos de la Peña (autor: Johannes Maringer).




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Espacio para la divulgación del patrimonio histórico cántabro. Funciona a modo de inventario de "hitos con historia" esparcidos por los valles, montañas y pueblos de la región, entre la prehistoria y la guerra civil: cuevas y abrigos prehistóricos, grabados post-paleolíticos, menhires y túmulos megalíticos, poblados castreños, estelas, campamentos romanos, necrópolis, ermitas rupestres, iglesias, retablos, torres medievales, fortalezas, casonas solariegas, escudos, batanes, ferrerías, molinos de marea y río, hórreos, faros, trincheras, nidos de ametralladora...
cachos de historia que sin duda merecen ser conocidos, valorados y preservados.

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