autor : López Campillo 7 jun. 2013

Un poblado fortificado de los indígenas cántabros, reconvertido después en fortificación romana tras uno de los asedios determinantes de las Guerras Cántabras: el Castro y castellum de la Espina del Gallego.

Se asienta sobre un punto de control estratégico, la principal vía histórica de comunicación entre la meseta y los valles costeros y puertos. Al menos otros 9 emplazamientos castreños son visibles desde la elevación de la Espina del Gallego.
Observamos tres recintos diferenciados, con sucesivas líneas de muralla. El recinto superior es el mejor ejemplo conocido de toda la península de fortín de campaña romano, con amurallamiento, instalaciones, un horno de hierro y un barracón de hasta 100 metros de largo. El segundo y tercer recinto se corresponden con las defensas amuralladas indígenas, con fosos dotados de estacas clavadas en su fondo. Es reseñable el camino enlosado de 2 m de anchura, problablemente debido a los pobladores cántabros, que aún hoy nos permite acceder a los diferentes niveles del emplazamiento. La línea defensiva exterior del castro llegó a tener una anchura de 3,5 metros y una altura cercana a los 2 m. La ladera oeste alberga evidencias de al menos 20 estructuras indígenas, chozas, establos, etc.
A día de hoy, los investigadores se inclinan por la posibilidad de que el emplazamiento tuviese una finalidad puramente defensiva, más que de hábitat permanente. El castro fue asediado, atacado y reocupado. Aún resulta sobrecogedor situarse en lo alto de la Espina y contemplar los numerosos emplazamientos desde los que los legionarios romanos dirigieron la toma y conquista (los cercanos Monte Cildá, El Cantón, o el más alejado Campo de las Cercas).

Puede decirse que es un impresionante museo al aire libre, seguramente menos conocido de lo que merece. El Castro y castellum de la Espina del Gallego bien pudiera ofrecer a los ciudadanos los materiales arqueológicos hallados, monedas romanas, puntas de hierro de proyectiles de catapulta, clavos, restos cerámicos...

Imagen: vestigios de amurallamiento y barracón romano, Castro y castellum de la Espina del Gallego. Al fondo a la izquierda, señalado por una antena, emplazamiento del campamento romano de Cildá.










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cachos de historia que sin duda merecen ser conocidos, valorados y preservados.

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